El fallecimiento del Santo Padre ha conmovido profundamente a la Iglesia universal y a todos aquellos que formamos Hominem. Su pontificado ha sido, entre muchas otras cosas, un canto a la vida, especialmente a la de los más frágiles, los más olvidados, y entre ellos, a los mayores. En sus numerosos mensajes y gestos, defendió con firmeza la necesidad de cuidar a los ancianos como custodios de la memoria, de la fe y de la identidad de los pueblos. 

El Papa denunció con fuerza la llamada “cultura del descarte”, una forma de mirar al ser humano desde criterios de productividad y utilidad. Frente a esta visión, el Papa Francisco recordó constantemente que los mayores no deben ser apartados ni ignorados, sino acogidos, escuchados y cuidados. “Una sociedad que no cuida a sus mayores no tiene futuro, porque pierde su memoria”, solía repetir. Estas palabras, tan cargadas de verdad, nos interpelan hoy con más fuerza que nunca. 

En Hominem nos sentimos profundamente unidos a este mensaje y reafirmamos nuestro compromiso con el cuidado de los mayores religiosos, que han entregado su vida al servicio de Dios y de los demás. Nuestra misión no es solo la prestación de un servicio asistencial, sino una vocación que busca acompañar, respetar y dar valor a esta figura de la iglesia. En cada gesto de atención, en cada acompañamiento diario, recordamos que estamos construyendo una sociedad más humana, más justa y más fraterna. 

Hoy, mientras despedimos al Santo Padre, queremos agradecer su ejemplo y su magisterio. Su defensa de los mayores no fue un discurso vacío, sino una guía concreta para construir una comunidad donde nadie sea olvidado ni dejado atrás. En su memoria, seguimos trabajando con esperanza, convencidos de que cuidar a nuestros mayores no es solo un deber, sino una forma de mantener viva la herencia espiritual y humana que ellos nos han regalado.